miércoles, 14 de junio de 2017

Estación al Santísimo Sacramento (Corpus Christi 2017)

Adorado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar





Oración Inicial

Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el Fuego de tu Amor.
Envía Señor tú Espíritu y seremos renovados,
capaces de incendiar al mundo con el fuego de tu amor.
Has morada en nosotros, y ven en nuestro auxilio,
por nosotros mismos, 
no sabemos expresar lo agradable al Padre,
ora en nosotros Divino Paráclito, 
con gemidos que no sabemos expresar,
completa la alabanza de nuestra lengua
para que sea verdaderamente agradable  nuestro incienso.
Te lo pedimos por intercesión del Inmaculado Corazón de María,
Primer Sagrario de Jesús Sacramentado,
Modelo Fiel y Verdadero de los Adoradores.
Amén


1
Soberano Señor Sacramentado,
a quien adoramos con todo el corazón,
en quien creemos por encima de todas las cosas,
de Quién esperamos todo bien,
y a quien amamos por encima de todas las cosas.
Venimos a Tú Presencia como pecadores, verdaderamente arrepentidos
a suplicar de Tu Sacratísimo Corazón,
perdón y misericordia, pues por nosotros mismos, por nuestras culpas,
pesa sobre nuestra cabeza la justa sentencia de la Condenación,
más con ánimo y corazón arrepentido, nos postramos ante Ti,
Clamando con humildad que nos perdones.

Padre Nuestro… Ave María… Gloria Patri…

2
Perdón Señor, Perdón por los pecados de mi pueblo,
Perdón por la negligencia y la frialdad en nuestro actuar,
Perdón por los ultrajes que te hieren y te lastiman,
Perdón por la falta de Fe para creer tu Palabra,
Perdón por los escándalos públicos que tan mal testimonio ofrecemos.
Si tomas en cuenta nuestros delitos, Señor, ¿Quién podrá defenderse?
Pero Ti, ¡Oh Dios clemente y lleno de bondad! Vuelve hacia nosotros
la mirada compasiva de la Cruz
y derrama tu Sangre para limpiar la ceguera de nuestros ojos.
Se repite en cada Estación


3
Nos hemos vuelto duros y cómplices al haber derramado sangre inocente,
nuestro suelo está manchado con la sangre derramada del Aborto,
agrietado e infecundo para producir fruto bueno de caridad y de compasión.
Hemos endurecido nuestros corazones y hemos perdido el respeto
por la dignidad de la vida, sintiéndonos dueños de ella y tomándola
salvajemente como si fuéramos animales en batalla unos con otros.
Sangre que clama a Tú presencia, ¡Oh Dios! Y que merece atraer sobre nosotros
de tu mano justiciera la cólera y la ira de poner un escarmiento.
Sube a Ti el clamor de los inocentes, como la Sangre de Abel que fue tomada por Caín.
¿Hasta cuándo Señor, tendrás que soportar nuestra ceguera  y la dureza de nuestro corazón? ¿Hasta cuándo seremos capaces de abrir los ojos y pedir perdón?

Padre Nuestro… Ave María… Gloria Patri…


4
Suba Señor, hasta tu Templo Santo el clamor de nuestras súplicas arrepentidas,
y descienda sobre nosotros como lluvia y rocío que nos empape,
la Luz del Espíritu Santo para iluminar nuestras tinieblas
y despertar del letargo infame que nos ha hecho presa el enemigo de las almas.
Derrama Tu Sangre sobre nosotros, para ser liberados de las ataduras del pecado;
Derrama el Agua Purísima que broto de tu Costado Herido, y purifícanos.
Pues nosotros mismos no somos capaces de abrir los ojos y entender,
si Tú no nos iluminas, ¿Quién podrá entender? ¿Quién sería capaz de ver?
Poco es el tiempo que nos queda de batalla
y mucho el trabajo que debemos realizar, toma nuestra pobre pequeñez
y con ella edifica Tu Reino, somos Soldados tuyos, dispón como mejor te agrade.

Padre Nuestro… Ave María… Gloria Patri…

5
Te hemos despreciado, Señor, cuando te nos ofreces tan mansamente,
permaneces en nuestros Altares y somos tan ingratos que pasamos de largo;
caminamos sin contemplarte y a las carreras, cuando ni siquiera los ángeles de tu Trono
te desplantan y se mantienen erguidos con altivez y soberbia como lo hacemos nosotros.
Y sufres con soberana paciencia nuestra infeliz ingratitud. ¿Quién puede sorportarlo?
Pero el Amor, ¡sí! El Amor es quien te tiene prisionero por nosotros en el Sagrario,
siendo Dios, la Majestad del Cielo y de la Tierra, te has querido humillar con nosotros,
te has querido encarnar nuevamente en el Pan y en el Vino,
¡Pero somos tan ingratos! Te despreciamos y muchísimas veces si nos acercamos a Tú mesa,
No llevamos la pureza de los ángeles que deberíamos convertirnos para adorarte,
sino los demonios que con insolencia te blasfeman,
pues nos acercamos al Altar llenos de pecado y podredumbre espiritual.

Padre Nuestro… Ave María… Gloria Patri…


6
Nos has donado el Sacerdocio, más… ¡cuántos de nosotros lo despreciamos!
cuantas veces conocemos una caída de tus Hijos más predilectos, los Sacerdotes,
y no somos capaces siquiera de elevar una oración por ellos.
Necesitan de nuestra oración y misericordia, así como nosotros la necesitamos de ellos
cada vez que nos acercamos a los Sagrados Misterios de los que son dispensadores.
Más sin embargo, somos los primeros en condenarlos, en apedrearlos,
no con tejas, pero si con nuestro resentimiento, incluso llegando a matarlos, ¡sí!
a matarlos espiritualmente muchas veces con la calumnia, con el resentimiento.
Hacemos la obra del demonio que quiere ver hundidos a los Ministros del Altar,
pues si cae el Sacerdote, caemos al infierno nosotros, nuestras almas también.
Y cierto es que agredimos a la persona, pero más que nunca,
es cuando volvemos a injuriar a Cristo, pues el Sacerdocio,
es el mismo Corazón Traspasado de Jesús que se nos entrega para la Salvación.

Padre Nuestro… Ave María… Gloria Patri…

7
Mira Señor, lleno de compasión a tus Ministros, tus Sacerdotes,
que son tan grandemente tentados y sacudidos por el mundo, el demonio y la carne.
Purifica su amor, para que sean capaces de amarte por encima de todas las cosas,
ten misiericordia de aquellos que se han dejado envolver en la frialdad
y que han olvidado el Don que les has encomendado,
derrama sobre ellos el Fuego que brota de tu Corazón, para que ardan en verdadero amor,
y queme toda la escoria innecesaria que ha hecho nido en sus corazones,
Sé Tú, el único amor de su corazón, crucifícalos junto contigo,
para que muertos al mundo, puedan dar el verdadero fruto abundante,
puedan ser la sal y la luz que el mundo tanto necesita en estos tiempos de confusión.
Que te amen solo a Ti y que por Ti sean capaces de desgastar toda su vida
sin menospreciar incluso, por amor a Tú Voluntad, el mismo derramamiento de su sangre.

Padre Nuestro… Ave María… Gloria Patri…




Ofrecimiento de la Estación

En memoria de Tú Pasión Santísima,
venimos a postrarnos a tus plantas, Señor,
con el alma verdaderamente afligida,
por la ingratitud de nuestras ofensas que claman justicia al cielo.
Permíteme entrar y contemplar Tú Presencia,
Alabarte, adorarte y reverenciarte,
presente en el Santísimo Sacramento
y concédenos la gracia de recibirte cada vez más
con fe y amor, conscientes de nuestra pequeñez,
para ser capaces de abandonarnos en tus brazos
como el niño en el regazo de su Madre,
y en la firmeza del cariño paterno.
Enciende nuestros corazones con el fuego de Tú Caridad
Y calienta nuestro fervor para que no sucumba
y se embriague con la frialdad del mundo.
¡Adorado Seas en el Santísimo Sacramento!
¡Adorado y siempre amado por todos los hombres en el mundo entero!  Amén




Mauricio Parra Solís
Ecce Ego Quia Vocasti Me




            Ciudad y Diócesis de Mexicali, B.C., 13 de Junio de 2017. Año Jubilar del Centenario de las Apariciones de Nuestra Señora en Fátima.


sábado, 20 de mayo de 2017

Credo Eucarístico

Creo en Nuestro Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, Real y Verdaderamente Presente en el Santísimo Sacramento del Altar, que fue concebido por Obra y Gracia del Espíritu Santo, que fue encarnado en el Vientre Virginal de la Hija de Sión, María Santísima; convertida en Primer Templo y Sagrario de la Presencia Sacramental del Hijo de Dios,  y por la Gracia Santificadora de este mismo Espíritu se encarna en la Fragilidad de un Pan Puro, conmemorando incruentamente la Cena Pascual, donde tomándole en sus Santas y Venerables Manos, bendijo al Eterno Padre, y distribuyendolo entre los Apóstoles, lo consagro diciendo: “Tomad y Comer este es mi Cuerpo; Tomad y bebed que esta es Mi Sangre que se derrama por todos vosotros y por todos los hombres para la Remisión de los Pecados”, constituyendo así la plenitud de su Pascua, cuando colgando del Madero de la Cruz, Ofreció su Cuerpo y Sangre en total plenitud del sacrificio de Redención, Ofreciéndose en Oración, Alabanza y Santidad hasta la consumación de los Tiempos, y constituyendo a su Esposa Inmaculada, la Iglesia, Celebra el Misterio de Caridad de manos de sus Ministros.

Creo con esperanza y caridad cuanto has enseñado, que al comer tu Cuerpo y Beber Tú Sangre alcanzaré la Vida Eterna, y viviendo en Gracia y Santidad podré gozar de contemplarte Cara a cara en la Jerusalén del cielo. Creo y Espero que me alcanzaras la Gracia de recibirte sin pecado, y la devoción para valorar Tú Presencia en cada Sagrario de la Tierra, amarte y hacerte amar. Me darás la gracia de poder reparar todos los ultrajes que te hacemos ingratos.

Creo firmemente que este Alimento es viatico y consuelo, fortaleza y alivio para este Valle de Lágrimas, que al acudir a tu encuentro delante de tu Sagrario, encuentro seguro alivio a mis males y consuelo en mis miserias, liberación de mis ataduras y sanación de mis dolencias del alma y del cuerpo. Creo que estas Presente en cada Tabernáculo de la Tierra y que Reinas Silencioso y Escondido detrás de las Especies Sacramentales. Que desde ahí sostienes al mundo y provees a Tú Iglesia el  auxilio.

Alcánzanos como lo esperamos, el perdón de nuestros pecados y salvación que esperamos, mientras levantamos las manos al cielo, en oblación pura.

Gloria, Honor y Alabanza sean dados eternamente al Santísimo y Divinísimo Sacramento. Amén

Mauricio P. Solís
Esclavo del Inmaculado Corazón de María

Revisado y Autorizado
Sr. Pbro. D. Moisés Olmos Ponce
Diócesis de Ensenada


            Mexicali, B.C., 21 de Abril de 2016. Octava de Pascua. Año Jubilar por el Centenario de las Apariciones de Nuestra Señora en Fátima.